22 de junio de 2010

De Beren y Lúthien

El extracto favorito del capitulo favorito de mi libro favorito. Algún día tenía que compartir este "cuento de Hadas", este relato fantástico de como el amor puede conseguir cualquier cosa, hasta el imposible de robar el más preciado tesoro de un poderoso y malvado dios, del Señor Oscuro, de Morgoth, de Melkor... 

Beren, un audaz humano, por azares del destino se pierde en los bosques de Doriath, un importante reino élfico donde los mortales tienen prohibida la entrada. Allí se encuentra con Lúthien, la bella hija de Thingol. Ambos se enamoran irremediablemente, pero Thingol no acepta esta situación.

-¿Qué quieres, desdichado mortal, y por qué motivo has abandonado tu tierra para entra aquí, lo que está prohibido a tus iguales? ¿Puedes dar una razón por la que no deba imponerte un severo castigo por tu insolencia y tu locura?

Luthien, la más bella criatura que ha existido entre las razas de Elfos y Hombres.


-Mi destino, oh rey, me condujo aquí, a través de peligros que aún pocos de los Elfos se atreverían a afrontar. Y he encontrado aquí lo que en verdad no buscaba, pero que ahora quiero tener para siempre. Porque está por encima de la plata y el oro, y ninguna joya se le iguala. Ni la roca, ni el acero, ni los fuegos de Morgoth, ni todos los poderes de los reinos de los Elfos me separarán del tesoro de mis deseos. Porque Lúthien, tu hija, es la más bella de todas las Criaturas del Mundo.

Beren es sometido a juicio por el rey Thingol.


Entonces un grave silencio pesó en el recinto, porque los que allí se encontraban estaban asombrados y asustados, y creyeron que Beren sería muerto. Pero Thingol habló con lentitud diciendo:


-Con esas palabras te has ganado la muerte; y la muerte encontrarías enseguida, si yo no hubiera hecho un juramento apresurado; de lo que estoy arrepentido, mortal de bajo nacimiento que has aprendido a arrastrarte secretamente como los espías y esclavos de Morgoth.


-La muerte podéis darme, la haya ganado yo o no; pero no soportaré que me llaméis de bajo nacimiento, ni espía, ni esclavo. Por el anillo de Felagund, que él mismo dio a Barahir, mi padre, en el campo de batalla del Norte, mi casa no se ha ganado epítetos tales de Elfo alguno, sea él rey o no.[...]


Entonces Melian se inclinó hacia Thingol, y en un susurro le aconsejó que se tranquilizara. -Porque no serás tú -le dijo- quien dé muerte a Beren; y lejos y libre irá guiado por el destino antes de que le llegue el final; no obstante, ese destino está unido al tuyo. ¡Haz caso![...]


Thingol, rompiendo el silencio, dijo: -Veo el anillo, hijo de Barahir, y entiendo que eres orgulloso y crees tener mucho poder. Pero las hazañas de un padre, aún cuando estuviera a mi servicio, no bastan para ganar a la hija de Thingol y Melian. ¡Escucha ahora! También yo deseo un tesoro al que no tengo acceso. Porque roca, y acero y los fuegos de Morgoth me apartan de la joya que querría poseer en oposición a todos los poderes de los Reinos de los Elfos. No obstante, dices que tales impedimentos no te amilanan. ¡Haz pues como lo propones! Tráeme de la mano uno de los Silmarils de la corona de Morgoth; y entonces, si así ella lo quiere, Lúthien podrá poner su mano en la tuya. De ese modo tendrás mi joya; y aunque el destino de Arda esté ligado a los Silmarils, me tendrás por generoso.


Pero Beren rió. -Por bajo precio -dijo- venden a sus hijas los reyes de los Elfos; por gemas y por cosas de artesanía. Pero si ésta es vuestra voluntad, Thingol, la cumpliré. Y cuando volvamos a encontrarnos, mi mano sostendrá un Silmaril de la Corona de Hierro; porque no veis por última vez a Beren hijo de Barahir.


[...] y juntos [Beren y Lúthien] llevaron a cabo la más grande de las hazañas jamás intentada por Hombre o Elfo alguno.[...] Allí Beren se escabulló en forma de lobo bajo el trono; pero Lúthien no se amilanó y perdió el disfraz por voluntad de Morgoth, que le clavó la mirada. Y ella no se amilanó, dijo como se llamaba, y ofreció cantar ante él a la manera de un trovador. Entonces Morgoth, al ver la belleza de Lúthien, concibió pensamientos de una malvada lujuria[...] Así fue burlado por su propia malicia[...]. Entonces de súbito ella escapó a los ojos de Morgoth, y empezó a cantar desde las sombras una canción de tan sobrecogedora belleza y de un poder tan encegador que él no pudo dejar de escucharla, y se quedó ciego, y volvía los ojos a un lado y a otro buscando a Lúthien.[...]


Entonces Lúthien, sosteniéndose el vestido alado, saltó al aire y su voz descendió como la lluvia sobre los lagos, profunda y oscura. Echó la capa ante los ojos de Morgoth y lo sumió en un sueño, tenebroso como el Vacío Exterior[...].
Lúthien cautiva a Morgoth mientras Beren observa en forma de lobo.


Él [Beren] se saco el disfraz de lobo; y esgrimió el cuchillo Angrist; y de las garras de hierro que lo sostenían, quitó uno de los Silmarils.

Beren arrebata uno de los Silmarils de la mismísima corona de Morgoth


[...]Carcharot estaba ahora erguido de cólera sobre el umbral de Angband.[...] Lúthien estaba agotada, y no tuvo tiempo ni fuerza para rechazar al lobo. Pero Beren la cubrió con su cuerpo, y en la mano derecha sostuvo en alto el Silmaril. Carcharot se detuvo y por un instante tuvo miedo. -¡Vete, y corre! -gritó Beren-porque he aquí un fuego que te consumirá, y junto contigo a todas las criaturas malvadas.- Y puso el Silmaril ante los ojos del lobo.



Pero Carcharot miró la joya sagrada y no se acobardó [...]; y abriendo las fauces mordió de pronto la mano de Beren y la arrancó de la muñeca. [...]En adelante, Beren fue llamado Erchamion, que significa el Manco; y llevaba el sufrimiento grabado en la cara[...].


Pero en el norte del reino [de Thingol] los mensajeros se toparon con un peigro súbito e insospechado: la embestida de Carcahroth, el lobo de Angband. Nada lo estorbaba; porque lo empujaba el destino, y el poder del Silmaril que lo atormentaba dentro.


A esa hora oscura volvían Beren y Lúthien. Llegaron por fin a las puertas de Menegroth y una gran multitud los seguía. Entonces Beren condujo a Lúthien ante el trono de Thingol, su padre; y Thingol miró asombrado a Beren, a quien creía muerto; pero no lo amaba, a causa de los dolores que había traído a Doriath. Pero Beren se arrodilló ante él y dijo: -Vuelvo según la palabra dada. Vengo a reclamar lo mío.
Y Thingol respondió: -¿Qué es de tu cometido, y de tu voto?
Pero Beren dijo: -He cumplido con él. Tengo en este mismo momento un Silmaril en la mano.
Entonces Thingol dijo:-¡Muéstramelo!
Y Beren tendió la mano izquierda abriendo lentamente los dedos; pero estaba vacía. Luego levantó el brazo derecho; y desde ese momento él mismo se dió el nombre de Camlost, la Mano Vacía.


Entonces se dulcificó el ánimo de Thingol; y Beren se sentó ante el trono de la izquierda, y Lúthien a la derecha.[...] Y le pareció a Thingol que este Hombre no se parecía a ningún otro Hombre mortal, y que se contaba entre los grande de Arda, y que el amor de Lúthien era algo nuevo y extraño; y entendió que el destino de ambos no podría ser estorbado por ningún poder en el mundo. Por lo tanto cedió, y Beren tomó la mano de Lúthien ante el trono de su padre.

Como agregado final, un tema de Blind Guardian, que habla sobre lo que les ocurrió a Beren y Lúthien después, cuando se sienten separados al morir por sus respectivas razas, y de como Lúthien conmueve al inconmovible Señor de los Muertos, Mandos.